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MoodBoards: empezar con buen pie

Supongamos que ya tenemos un briefing del cliente y una estrategia para nuestro proyecto y nos disponemos a ponerlo en marcha. ¿Por dónde empezamos? Pues haciendo un collage como los que hacíamos en el cole: un MoodBoard.

El MoodBoard es un “tablero” que refleja las emociones, la filosofía, la atmósfera y el look & feel del proyecto y también una fuente de inspiración y de experimentación para desbloquear la creatividad y facilitar la eclosión de nuevas ideas. Es una herramienta de presentación y comunicación con el cliente, de storytelling visual, colaborativo y dinámico, una vía para sintonizar con las preferencias del cliente y aportar una visión global y organizada, una guía para no perderse en el transcurso del proyecto.

Es utilizado por arquitectos, cineastas, diseñadores de moda, diseñadores industriales… Y, por supuesto, diseñadores gráficos: Ya sea para proyectos de branding, de diseño editorial o publicitario, de interfaces para aplicaciones, desarrollo web, ilustración, etc., el MoodBoard es una técnica divertida y estimulante de hacer saltar la chispa creativa, de mostrar ideas y de obtener feedback.

Uniendo las piezas

¿Por dónde empezar? Es útil empezar con una declaración escrita en la que, a partir del estudio del briefing y la investigación, enumeremos las emociones, los atributos de la marca, los rasgos de personalidad del producto y los valores implicados que queremos transmitir. Es posible que descubramos más de una línea a seguir y que habrá más de un tablero que crear… Es el momento de decidirlo.

Una vez hecho esto, comenzaremos a recopilar materiales de referencia: fotografías, texturas, colores, ilustraciones, bocetos preliminares, maquetas, tipografías, vídeos, textos o elementos preexistentes como el logo del cliente o trabajos previos. Cuanto más material coleccionemos, mejor.

Algunas fuentes de inspiración:

Después habrá que ordenar, depurar y seleccionar así como probar distintas líneas y temáticas. La forma de presentar el material será en un medio físico -como el collage que hacíamos de pequeños- o digital; cada uno tiene sus ventajas e inconvenientes. En nuestro caso lo elaboramos en soporte web, lo que nos permite añadir animaciones, vídeos, enlaces, etc. a nuestro collage digital. Sin embargo no podremos (de momento) incorporar objetos reales, olores…

En Genieri, actualmente, comenzamos cada proyecto creando un portal, accesible por el cliente, en el que recopilamos toda la documentación y creamos un MoodBoard de forma colaborativa. El cliente puede subir imágenes y archivos y aportar el feedback necesario para definir la temática y universo del proyecto.

Un poco de arqueología (digital)

El uso del MoodBoard como herramienta de inspiración y comunicación lo venimos poniendo en práctica desde hace mucho. Un ejemplo es este proyecto nuestro que data de febrero de 2010 (hace ahora más de 10 años) y acabamos de encontrar excavando en una copia de seguridad 😉.

Se trataba de un concurso público en el que participamos con un equipo de arquitectos, historiadores y museólogos. No resultamos ganadores, pero aprendimos mucho y disfrutamos de una experiencia muy enriquecedora.

El material que predomina en el MoodBoard es la fotografía, que hicimos personalmente in situ. Añadimos también unos esbozos de formas gráficas inspiradas por las piezas del museo y gamas de color.

Moodboard para el proyecto/concurso Nueva Sede de la Colección Visigoda del Museo Nacional de Arte Romano de Mérida. Febrero de 2010.

En el proyecto final presentado a concurso realizamos un panel con la propuesta de imagen gráfica, que acompañaba a la arquitectónica y museística. En el mismo se recogen muchos elementos que ya estaban presentes en el tablero inicial, como la tipografía inspirada en las que observamos en algunas piezas o la gama cromática básica.

Panel de imagen gráfica del proyecto/concurso Nueva Sede de la Colección Visigoda del Museo Nacional de Arte Romano de Mérida. Febrero de 2010.

Dicho sea de paso, el proyecto ganador del concurso fue el del Estudio Paredes Pedrosa. Por cierto, 10 años después aún no hay presupuesto para su construcción…

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